Conceptos, información y creencias erróneos sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

 


Por Kryssia Lizama Flores


Actualmente, cuando se menciona el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), podemos encontrar múltiples y distintas reacciones en los diversos sectores de la población involucrada o cercana al padecimiento, así desde los médicos, psicólogos, maestros, pedagogos, padres de familia y familiares encontramos una gran cantidad de defensores y detractores.

Frente al TDAH gira una gran cantidad de información que viene de la ciencia, la pseudociencia, de conceptos o información distorsionada o las creencias propias, de la familia o de personas allegadas a nosotros. Basta acudir a una librería, revisar internet, platicar con los docentes, con los padres de familia, con un médico, un psicólogo y al momento tenemos un cúmulo de información, muchas veces contradictoria, que confunde.

Para este documento contestaremos desde una perspectiva de divulgación científica las preguntas más frecuentes que se hacen sobre el TDAH.

1.- El TDAH no es un trastorno real, no existe.

Los signos y síntomas que se producen en las personas que tienen Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad los podemos encontrar descritos desde la época de los griegos; sin embargo, es a partir del auge del método científico en el siglo XIX donde la documentación de los casos contienen además de una descripción detallada, teorías e hipótesis para explicar este déficit; Durante el siglo XX, si bien se lograron grandes avances gracias a los adelantos en medicina y a los diferentes estudios realizados sobre el tema, no es sino hasta 1980 cuando la Asociación Psiquiátrica Americana acuña este término. Actualmente se siguen haciendo descubrimientos científicos que permiten una mejor comprensión y tratamiento del TDAH.

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se define como síndrome neurobiológico que afecta a la dopamina, serotonina y noradrenalinan, lo que dificulta sostener la atención, el control del nivel de la actividad y de los impulsos, síntomas que afectan el desarrollo y la calidad de vida de las personas que lo padecen, particularmente si no es detectado a tiempo.

Los principales síntomas del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad son:

• Inatención: dificulta seleccionar entre la información importante de la que no lo es; sostener la concentración por un periodo de tiempo aceptable; dividir la atención para procesar diversos mensajes o realizar varias tareas de manera simultánea.

• Hiperactividad: se caracteriza porque la persona responde a los estímulos que se presentan en el medio ambiente de manera constante. Esto conlleva a un exceso de movimiento sin control ni conciencia del mismo, es decir, las acciones no necesariamente están dirigidas a fines concretos y productivos, por lo regular, se realizan en situaciones que no están socialmente permitidas. Debido a lo anterior, la hiperactividad puede causar problemas de adaptación significativos.

• Impulsividad: implica la dificultad de controlarse, y se puede manifestar de diferentes formas como lo es actuar antes de pensar, imprudencia, realizar conductas sin plan, iniciar acciones y no lograr detenerse.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente el 5% de la población mundial padece el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad; se considera que en México el rango oscila entre el 3% y 7%. De esa cifra aproximadamente el 10% reciben la atención adecuada (GENPETDAH, A.C.).

Al igual que otros trastornos, los médicos se basan para el diagnóstico en un patrón de síntomas, y a partir de ahí realizan una serie de pruebas de laboratorio y de gabinete y cuestionarios específicos del TDAH.

2.- El TDAH sirve a los padres para justificar la mala conducta de los niños y la falta de límites.

El TDAH es un trastorno neurobiológico por lo que sus síntomas, signos y características aparecen independientemente del entorno familiar en el que se desarrolla el niño. No obstante lo anterior, es importante recalcar que el desarrollo del niño, se encuentra influenciado por su predisposición genética y biológica, el entorno social en el que se desarrolla y los mecanismos que construye para interactuar con los diferentes ámbitos en los que se desarrolla.

La familia durante los primeros años de vida, es el medio ambiente inmediato en el que se desarrolla el niño y al mismo tiempo es la que mediadora con los demás entornos sociales y educativos. Es en ésta, donde se recibe las normas sociales elementales, la valía de cada una de las acciones, lo que está y no está permitido hacer, la adquisición de los primeros símbolos y lenguaje comunicativo, las consecuencias de sus acciones, la expresión de sentimientos, entre otras cosas. Cada familia establece sus propios roles o códigos de comunicación, sus funciones, relaciones y estrategias para enfrentar los conflictos.

Debido a lo anterior, la estructura y características de la familia influyen directamente en la disminución o aumento de los síntomas y en la aparición de otros trastornos asociados al TDAH. Es decir, modula la evolución del trastorno, sin embargo no son la causa de la aparición de éste.

La familia es considerada como uno de los sistemas de mayor importancia en el tratamiento del TDAH, ya que es ella quien informa a los demás profesionistas involucrados en el tratamiento, la evolución, síntomas y características específicas del niño, es la familia quien día a día aporta los componentes para que el niño desarrolle las estrategias adecuadas para funcionar adecuadamente en los demás entornos.

Un padre o cuidador informado en el TDAH, en los diversos tratamientos que existen, y entrenado para la crianza de un niño con TDAH, disminuye el estrés familiar, las relaciones sociales y el aprendizaje escolar. Además, desecha con argumentos, los mitos que existen sobre el TDAH.

3.- En las escuelas se sobrediagnóstica el TDAH para justificar las aulas atestadas, los malos maestros y los resultados bajos resultados obtenidos en el aprendizaje.

La familia y la escuela son los dos ambientes principales en los que se desenvuelve un niño, sin embargo ninguno propician la aparición del TDAH.

La escuela es vital en la detección y tratamiento del TDAH, ya que los profesores al convivir con diferentes niños de una edad similar y con diversas características en común, pueden observar que las conductas que presenta un estudiante son desadaptativas o anormales y no son congruentes con el nivel de desarrollo o si existe algún problema de aprendizaje.

En tal sentido, un profesor que cuenta con la información pertinente, puede detectar si un niño presenta los síntomas y signos del TDAH, no obstante ello, al ser un padecimiento neurobiológico, carece de las herramientas necesarias para realizar un diagnóstico. Su función va encaminada a reportar sus observaciones a los padres de familia y a las instancias correspondientes, para canalizar a los niños y ahí se les realice el diagnóstico.

En cuanto al tratamiento, el profesor juega un papel de vital importancia, ya que es el encargado, de aplicar las estrategias pertinentes para que el estudiante mejore su conducta y rendimiento escolar.

Dichas estrategias para que realmente puedan ser eficaces dependen, en gran medida, del conocimiento del profesor sobre el trastorno, de la capacitación con la que cuente, de la comunicación con el psicólogo o personal de USAER, de la comunicación los padres de familia y de las necesidades del alumno.

Aulas atestadas y profesores con una formación deficiente o respuestas inapropiadas frente a las dificultades que presentan los niños con TDAH, pueden agravar los síntomas si se padece el trastorno, aunque también inciden en el mal comportamiento y bajo rendimiento académico de un alumno independientemente de si padece o no TDAH.

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